¡Deja de Soñar y vive los Himalayas!

By Maite Lacamara

Hay lugares extraordinarios por todas partes del mundo. Ricos en naturaleza, ricos en cultura e historia. Todos diferentes pero con algunas similitudes. Algunos lugares tienen mas cultura que naturaleza, otros más historia y arte. Eso creo yo, es lo que nos empuja a viajar, a querer conocer, explorar. Pero es que Nepal, es todo eso y mucho más.

Cuando uno aterriza en este País por primera vez, tiene la sensación inequívoca y rotunda de que se encuentra en un mundo diferente. Sabes que has viajado a una realidad paralela a la tuya. Definitivamente tienes una sensación de cosquilleo en el estómago, que no sabes describir, entre nervios, asombro e ilusión.

Por un momento entiendes a Dorothy cuando llegó al reino de Oz con sus zapatos rojos o a Alícia cuando cayó dentro de la madriguera hasta el país de las Maravillas.

Todo en Nepal es igual de caótico y a la vez ordenado. Tranquilo e inquietante. Definitivamente, Nepal, es exuberante.

Lo primero en saludar al viajero y de paso, dejarlo anonadado, son las grandes montañas de la cordillera Himalaya. Parecen saludarte mientras las observas desde el agujero de la ventanilla del avión que de pronto aparenta más pequeño de lo que habías creído y más sucio de lo que esperabas, mientras te quedas perplejo mirando los picos más altos del mundo y agradeciendo a la tecnología poder hacer las mil y una fotos desde todos los ángulos posibles a aquellas maravillas. Todo mientras te preguntas, cuál será el Gran Everest? Caíste amigo. Como Edmund Hillary y todos los viajeros antes que tu. El embrujo de Nepal te atrapó y no dejarás de sentirte alucinado, anonadado, feliz, hasta pasadas unas semanas al regresar a casa. Tus familiares preguntarán, tus amigos querrán saber más, por que todos verán en tí ese halo, ese brillo, esa mirada y sonrisa tonta pero inmensamente feliz, de que habrás descubierto algo que nunca creíste que existiera.

Definitivamente entiendes por qué más del 80% de los viajeros regresan a Nepal.

Sigamos con nuestro particular viaje…

Te instalas en un hotel en medio del bullicio de Thamel, el barrio de los Turistas por excelencia y tu primer contacto con el mundo del trekking o Senderismo y el montañismo. Sin saber cómo, acabas perdido mirando tiendas de todo tipo. Descubres Assan, el barrio y mercado más antiguo de Kathmandu, que sigue siendo el centro neurálgico de la capital de Nepal desde la época medieval. Tú, simplemente crees estar soñando o alucinando o no sabes muy bien qué. Entre puestos de sal, verduras, abalorios o dentistas y barberos, de pronto te das la vuelta y ¡voilá! Una callejuela te conduce a una pequeña plaza, un Stupa en su centro,los ojos de Buddha observando en lo alto, palomas posadas sobre él y niños jugando alrededor. Ves algunas mujeres vestidas como en India, envueltas en las coloridas telas de un Saree y otras vestidas con falda gris y mantel de colores. No entiendes nada. De pronto un Sadhu, en ropajes blancos, piel gris y cara pintada en una esquina, al sol. Mientras, un monje budista dando vueltas al Stupa, y tu ahí, plantado, perplejo.

1a lección Nepali, Convivencia y mutuo respeto. Te das cuenta que budistas e hindúes, nepalis y refugiados tibetanos conviven en paz y harmonía. Que paz, que calma sientes. Seguirás sintiéndote así, mientras visitas los antiguos templos y palacios de la zona.

¿Nos vamos de trekking? Muchos son los que vienen a Nepal a caminar largas jornadas para visitar las preciosas montañas himalayas. Algunos hasta se atreven a escalar algún pico. Otros, sin tanta preparación aprovechan para hacer una pequeña caminata de un par de días o tres y saborear la experiencia.

Cualquiera que sea tu elección, disfrutarás. Siempre y cuando hagas caso a tu guía, que no está para enseñarte el camino sino para guiarte en la aventura y asegurar que vuelves a casa sano y salvo.

El viaje, de pronto, ha dado un cambio de 360º. Te encuentras en medio de la nada y el todo a la vez. Bienvenidos al mundo de las montañas, de las praderas y ríos, las tupidas selvas y los escarpados picos nevados.

Aquí descubrirás que las gentes de Nepal son gentiles por naturaleza y bien diversas.

Aquí vivirás momentos únicos e inolvidables llenos de superación y emociones encontradas al contemplar la magnificencia de los Himalayas.

Habrá un día que despertarás en un pequeño refugio a tres mil o cuatro mil metros de altitud. Todavía estará oscuro, serán alrededor de las 3:30-4 de la mañana. Con el sueño y el frío helado de la noche, te vestirás y saldrás, con tus compañeros de viaje a caminar alto. Solo la luz de los frontales os alumbra. La hierba cruje a cada paso. Está congelada y los cristales del hielo pegados en sus hojas brillan con el reflejo de las luces que os alumbran como si de preciosos brillantes se tratara.

De pronto, el cielo empieza a aclararse, sin darte cuenta a penas, ya amanece. Estás a punto de llegar arriba, a la cumbre o al campo base, la emoción de todos se palpa, los pasos se apresuran, la respiración se siente más fuerte y el pulso se acelera. -“Ya casi,” -pensarás- “ya casi llegamos, ya casi las veo…”- Te pararás, observarás- “Pero qué sol más radiante, tengo que llegar. Un paso más. Cálmate, ya casi estás.” -miles de fotos. El guía apremia, “arriba hay mejores vistas. Si nos apresuramos llegaremos justo a tiempo para ver el sol amanecer encima de los Himal (así las llaman en Nepal)”. Tu, cómo todos, mirarás al guía incrédulo de que lo que diga sea cierto, porque este espectáculo visual es imposible que mejore, pensarás. Pero amigo, como todos los viajeros antes que tu, descubrirás, estupefacto que el guía tenía razón. Llegarás, porque las ansias de descubrir y maravillarte persistirán y cuando estés ahí, en la cima de una montaña más alta que ninguna otra que hayas estado antes y delante aparezcan unas montañas todavía más altas, resplandecientes, blanco y rosado entrelazados en los picos nevados tocados por la luz del sol naciente. La emoción es tan grande, la sensación de libertad es tan fuerte y el compañerismo nace y se siente entre todos los que estaréis juntos en ese momento mágico, único, inigualable y diferente cada vez que vuelves y lo revives.

Así que sois bienvenidos a Nepal, el país de las maravillas, la cultura, la historia, la aventura y la emoción. Todo, siempre, a flor de piel.

Jai Nepal. Namaste!

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